jueves, 20 de septiembre de 2012

Capítulo 3: 'Go On'



Todos sabemos que los episodios piloto no son una buena medida para valorar una serie. Muchas tardan incluso una temporada en encontrar su rumbo, pero es en las primeras semanas cuando más ajustes se producen. Por eso, en Microwave & TV vamos a tratar de basarnos en los tres primeros capítulos para juzgar si cada serie empieza o no a merecer la pena.

'Go On' se presentó con una fórmula algo similar a la de 'Up All Night' el año pasado: una comedia de perfil sobrio, con alguna estrella reconocible como valor seguro y que desde el primer momento no solo mostraba potencial, sino que, aunque no acabara de encajar las piezas, conseguía ser perfectamente digna (lo cual ya supone un mérito). Ambas compartían también la difícil pretensión de mezclar dos escenarios y un reparto problemático, en 'Up All Night' por lo exiguo y en 'Go On' por lo poblado.

Sin embargo, la diferencia más palpable es que 'Go On' posee desde el principio un mayor rango tonal, con un trasfondo mucho más dramático y al mismo tiempo momentos más abiertamente cómicos (o quizá simplemente más graciosos). Y esa puede ser la clave para que la nueva serie sí consiga rodar los engranajes y codearse con las grandes como corresponde a sus ambiciones, en lugar de quedarse anquilosada para siempre como la sosería de 'Up All Night' (a falta de ver qué hacen en esa segunda temporada que empieza esta noche).

Lo cierto es que el capítulo 3 puede ser en este caso engañoso, porque el salto de calidad es notable.
El segundo episodio se vio trabado por la insistencia en repetir una dinámica (Ryan persiguiendo a su asistenta), mientras que en este se nos ofrece una trama más abierta y se deja que los eventos fluyan. Las bromas son más originales y funcionan mejor, personajes como Steven (John Cho) van quedando más definidos y a Matthew Perry se lo nota más cómodo y juguetón con su papel. Si los primeros dos capítulos instaban más que nada a observar y analizar los elementos, en el tercero ya podemos automáticamente relajarnos y disfrutar.

Hay trucos demasiado forzados, como la reunión al final del episodio, que nos saca del ambiente realista o plausible que pretende mantener la serie; y hay un problema principal en los miembros del grupo de terapia, que no dejan de ser en su mayoría caricaturas unidimensionales difíciles de mejorar. Pero lo conseguido en este capítulo 3 está al alcance de pocas comedias. Aún hay tiempo para altibajos, pero si siguen produciendo guiones tan sólidos y frescos como este, las cosas irán por buen camino. La audiencia, desde luego, ha visto algo interesante, y está dispuesta a recuperar a Matthew Perry para la causa.

Nota: B (3.5 sobre 5).

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