lunes, 15 de octubre de 2012

Nashville, el culebrón detrás del 'hype'


Uno de los métodos habituales a la hora de probar pilotos de series ante una audiencia seleccionada o focus group es entregar a los participantes un dispositivo mediante el cual deben ir sumando o restando puntuación, según sus impresiones mientras se va desarrollando el capítulo. Viendo 'Nashville', no podía dejar de desear tener un artilugio de esos entre mis manos para marcar los altibajos entre algunos momentos genuinamente emocionantes, algunos otros descaradamente exagerados y, la mayoría del tiempo, los giros prototípicos de un soap de libro, es decir, de un culebrón cualquiera.

Es este un piloto que se hace muy exigente a la hora de verlo con una actitud crítica, aunque quizás no lo sería tanto de no ser por esa avalancha de reseñas entusiastas -uno no recuerda ni una sola metascore tan alta para un drama en abierto-, que obligan a diseccionar cada detalle en busca de un espíritu sorprendente y cautivador. Pero no, esto no es más que una telenovela más o menos bien hecha que por otro lado no ofrece nada especialmente original en su favor, ya que la temática viene directamente inspirada por éxitos recientes como la película 'Country Strong'. Justo igual que pasaba con 'Smash', aquí hay 40 minutos de televisión sólidos y entretenidos, pero con muchos más defectos que sorpresas.

Eso sí, los puntos fuertes son evidentes y empiezan por la que habría de ser la protagonista central si todo sigue su curso, una Connie Britton estelar, metida a la perfección en la piel de Rayna James, reinona del country venida a menos. Su rival Juliette Barnes (Hayden Panettiere), una suerte de Taylor Swift recauchutada, cumple su función pero parece de momento mucho más plana, un problema que la serie intenta compensar muy desafortunadamente dándole el típico pasado trágico. El resto del reparto aún está por definir y, sabiendo lo que es un piloto de drama, es justo darle el beneficio de la duda, aunque nunca es una buena señal cuando se hace difícil distinguir a varios personajes. Deacon (Charles Esten) es a priori uno de los más carismáticos, mientras que el caciquil padre de Rayna, Lamar Wyatt, podría convertirse en un elemento problemático por la dudosa e incómoda actuación de Powers Boothe en el papel.



La historia presenta algunas capas poco esperables en forma de una trama política que, pese a lo poco creíble de su punto de partida, podría dar mucho juego si los productores saben llevarla adelante. Conociendo el medio televisivo, tiene muchas posibilidades de acabar siendo un lastre, pero en principio está bien contar con algún elemento secundario que no se base en el romance. Del mismo modo, los aspectos de la industria discográfica que se tocan en el capítulo son interesantes y parecen reflejados con coherencia, convirtiéndose en uno de los principales valores argumentales de la serie.

En el aspecto técnico nos encontramos con un episodio competente y agradable de ver y oír, aunque sin grandes alardes. Las canciones pueden ser un aspecto importante para parte del público, aunque en ningún caso estamos hablando de un musical, ya que sólo sirven como elemento a la ambientación. Y estamos ante una cuestión heterogénea: la música de Rayna James parece ser bastante anodina (quién sabe si hay algo de intencionalidad en ello), mientras que el número final a cargo del recién formado dúo de yogurines sí que transmite lo suficiente como para justificar más o menos el asombro instantáneo de otros personajes. Mientras tanto, las canciones del personaje de Juliette son de lo más conseguido del piloto, recreando perfectamente las ridiculeces pretendidamente serias que triunfan en los circuitos comerciales. Suponen un buen espejo sin caer en la parodia.

En cualquier caso, lo que más se echa en falta en todo momento es la profundidad y la agudeza que se le suponen de entrada a una producción tan aclamada. La mayor parte de los giros del guión son predecibles, y algunos otros son tan facilones que dan vergüenza al tratarse de una serie que, igual que Juliette Barnes, pretende tomarse tan en serio a sí misma. Resulta sorprendente que los personajes actúen justo como se espera de ellos en todo momento, especialmente en la decisión de Rayna al final del capítulo, toda una oportunidad desperdiciada. 'Nashville' ya tiene el reto de toda novela de mantener el nivel de interés a lo largo de la temporada, pero lo que sí que va a tener muy complicado es responder a la expectación que ha generado como posible nuevo estandarte del drama en abierto, porque sencillamente no tiene las bases ni los instrumentos para ello.

Valoración: B (3,5 sobre 5)

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